CARLOS LLERAS RESTREPO IN MEMORIAM

Carlos Lleras

Al publicar la carta de apoyo a Germán Vargas Lleras -cuando me han caído rayos y centellas- no he podido evitar recordar al expresidente Carlos Lleras Restrepo. No pretendo aquí hacer un balance de su dimensión de estadista, intelectual y humana, pero si mostrar el impacto que tuvieron sus acciones hacia futuro, con dos hechos aislados tomados al azahar.

El primero en mi entorno familiar inmediato: creo que ya conté aquí que a los dos meses de nacido este servidor mi madre se traslado del Resguardo indígena Zenú de San Antonio, Ciénaga de Oro, a Montería porque mi tio Reginaldo Mendoza Pantoja le prometió que allí le podía ayudar, como efectivamente lo cumplió.

Cuando Carlos Lleras Restrepo es presidente, el 1 de mayo de 1966 nombra a Reginaldo de Contralor General de la República, Reginaldo de inmediato le consiguió a mi madre un puesto de trabajo en el Sena de Montería, pero ella con su generosidad que siempre la caracterizó se lo cedió a su hermana Rosa Mendoza Fallón, con la que yo me críe. Con ese trabajo mi tía logró educar a sus dos hijos, hacerlos profesionales y ella se pensionó. Tal vez estos primos desconocen de donde proviene la posición social que hoy tienen. Así como ellos son muchos los caribeños que lograron figurar en la academia, en las finanzas, en la rama de la justicia y en la política, gracias al nombramiento que Carlos Lleras Restrepo le dio a Reinaldo Mendoza Pantoja; y viene el segundo caso: en el año 2002 cuando aspiré al senado, por sugerencia de Horacio Serpa Uribe terminé haciendo un acuerdo con Juan Manuel López Cabrales. El día que hicimos el acuerdo yo llevé un cuadernillo de poesía de Reginaldo Mendoza Pantoja con una foto de él. Cuando Juan Manuel lo vió me dijo: fíjate como es la vida, ahora me toca a mí, devolverte lo que tu tío hizo por nosotros: nosotros no fuéramos nada en política sino hubiera sido por tu tío. El primer cargo público que tuvo mi papá se lo dio Reginaldo, él lo nombró de Secretario General de la Contraloria de la República. Así como estos dos hechos aislados hay infinidades para ilustrar el espíritu de servicio de Reginaldo Mendoza y la sapiencia de Carlos Lleras Restrepo para ponerlo en ese cargo. Hace muchos años cuando hablaba con viejos trabajadores de la contraloria en Bogotá, me daba una gran alegría al saber que lo recordaban como uno de los mejores y más honestos contralores que pasó por ahí.

Por eso yo ahora, en agradecimiento a todo lo que hizo Carlos Lleras Restrepo por los caribeños, así muchos lo ignoren, no lo conozcan o no quieran reconocerlo, el próximo 27 de septiembre ordenaré una misa en su memoria en una parroquia de Barranquilla y ojalá llegue al senado para presentar un proyecto y hacerle una gran efigie a él y a Juan José Nieto Gil, como se me reveló en un sueño.

Que sigan cayendo rayos y centellas, que no detienen mi marcha.

Mario Ramón Mendoza