LA PERRILLA ENCANTADA (V)

perrilla

Gracias María, Camila.

V.

María reponiéndose de la sorpresa con los leones le infundió ánimo al grupo:
-Vamos… vamos todos. El pastor debe seguir adelante rociando el agua bendita y diciendo La Magnificencia, tenemos las armas para derrotarlos. Solo así podremos llegar a donde está el cofre con el secreto.

Las palabras de María llenaron de coraje al grupo y avanzaron hacia los leones, los que al ver la intención de los visitantes se agitaron enfurecidos, lanzando rugidos más fuertes. María completó su llamado diciendo:

– Tranquilos ellos no se moverán de sus sitios. Vamos vamos…adelante pastor con la plegaria y el agua bendita.

El pastor se abrió paso rociando el agua y repitiendo la plegaria y llegaron frente a frente a los leones. Cada uno podía alcanzar metro y medio de alto y dos y medio de largo. El pelambre era de un rojo encendido, los ojos de un amarillo resplandeciente y al abrir las bocas mostraban unos inmensos dientes. Pese a la resolución el grupo vaciló e intento retroceder a lo que María dijo:

-No, jamás, si retrocedemos vendrán detrás de nosotros a comernos, siempre adelante.

El pastor lleno de un valor inexplicable avanzó más y dejó caer las primeras gotas de agua sobre las bestias, estas al sentirlas se estremecieron revolcándose en el piso, el agua bendita era como un aguacero cayendo sobre una hoguera. El pastor seguía echando agua y orando y los leones empezaron a cambiar de color, pasaron a ser grises y sus rugidos mermaban, hasta que quedaron convertidos en dos pilas de ceniza de color gris. María avanzó hasta el trono de la duquesa, empujó la silla a un lado y detrás de él apareció una pequeña puerta con una escalera que descendía, el pastor avanzó rociando el agua y orando, los otros lo seguían alumbrando con los candelabros, porque todo era oscuro.

El salón era pequeño, en el centro había una mesa circular, sobre ella un cuadro y sobre el cuadro un cofre. María de alegría se lanzó a cogerlo diciendo:
-El cofre…el cofre.

De inmediato tuvo que retirarse porque del cuadro salió una risa macabra y ensordecedora. Era otra foto al óleo con la cara de la duquesa que reía a carcajadas. El pastor rocío agua bendita sobre el cuadro y el cofre. El cuadro se fue poniendo transparente, desapareciendo la imagen y quedó un vidrio en el marco. María tomó el cofre en sus manos, lo abrió y extrajo de su interior un pergamino diciendo:

-Ahora sí tenemos el secreto, vamos a romper el embrujo.

El grupo subió las escaleras y llegó a la Plaza de armas y María dijo:
– Pastor le toca a usted sentarse en el trono a leer el secreto.
El pastor entregó el agua bendita y el hisopo al alcalde y recibió de María el pergamino la que le dijo:

– Sera usted pastor el que devele un secreto guardado durante 500 años en esta castillo para que se sepa la verdad.

El pastor recibió el pergamino. Se sentó en el trono de la duquesa. La luna había desaparecido y negros nubarrones cubrían el cielo de de la Plaza de armas anunciando una gran tempestad. Los cuatro restantes alumbraban la cara del pastor para que leyera el contenido del pergamino y él empezó:

-Yo duquesa de Oslo en estas tierras del Norte, nacida a principios del siglo XV, hoy 500 años después de haber cometido un horrendo crimen, me confieso ante las generaciones presentes y la historia, que me entregué de cuerpo y alma al señor de las tinieblas y una noche de luna llena en una celebración para rendir culto a él, asesiné a 7 tiernas adolescentes las que fueron traídas a mi castillo para que las desangrara y me bañara con esa sangre nueva y mantener así mi eterna juventud y honrar a mi Satanás, yo misma las desangré una por una cortando sus venas sus cuerpos, que pese al dolor, la suplica y los gritos que cada una lanzó mi mano no temblaba guiada por el amor de mi poderoso señor y la sangre caía a raudales en una gran vasija. Hoy debo decir el nombre de cada una de ellas para poder dejar este mundo e ir al reino que me merezco con el maligno y se sepa la verdad que no fui ninguna duquesa bondadosa. Soy una de las más grandes asesinas de de estas tierras. Ya me cansé de engañarlos a todos, los nombres de las niñas son…

El pastor hizo una pausa y secó las lágrimas que por sus ojos asomaban, y continuó:

– Camila… Al pronunciar el nombre retumbó un trueno y el grito Aaayyyy se regó  perdiéndose en los cielos-continúo el pastor-, Carmen, Rosa, Magdalena, Sofia, Ester, y Carmelita. Pero también me hago responsable del suicidio de las 100 personas que durante 500 años entraron aquí a restaurar este lugar, ahora sí que la historia haga justicia, pero eso si, porque ya me cansé de engañarlos y penar en estas tierras ja ja ja ja…

La risa se hizo realidad y se regó por todos los rincones, con un rugido extraño de la
Tierra como abriendo paso a esta macabra marcha y estalló la tormenta, todos corrieron a resguardarse al interior del castillo, cruzaron la puerta que debía llevarlos al salón principal, pero no, dieron fue a la parte externa del castillo y era ya de día, con un una mañana de sol radiante. El pastor dijo:

-Miren aquí hay luz, allá es oscuro y con tormenta. Tome usted señor alcalde, tiene la prueba reina para el juicio más grande de la historia de este país y nos tiene a todos nosotros de testigo.

El alcalde recibió el pergamino con el cofre diciendo:

– Gracias a todos ustedes por participar en esta misión y sobre todo a María que sin
duda ha sido la heroína de esta historia. Bueno ahora a descansar, de inmediato
llamo a la policía para que inspeccionen el lugar y los lleven a la casa de cada uno.

El alcalde desde su celular llamó a la policía y en el acto se hicieron presente un sin número de patrullas y piquetes de policías motorizados.El pastor y el notario abordaron sendas patrullas. El profesor de historia dijo – yo me voy con María-Cuando ella fue a subir a la patrulla de inmediato se bajo diciendo:- Los panes…los panes de mi abuela- y fue al sitio donde había dejado el canasto con con los panes, el que permanecía en el mismo lugar, pero en vez de panes estaba repleto de rosas rojas frescas y con una pequeña tarjeta puesta sobre ellas. Intrigada tomó el canasto y abrió la tarjeta, que decía: Gracias María, Camila.

Mario Ramón Mendoza

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