LA PERRILLA ENCANTADA

El castillo embrujado

II.
María reconoció todas las calles por las que pasaban pero lo extraño: eran desoladas, no había en ellas ni una sola alma. La perrilla siempre adelante con paso rápido y seguro. Al fin se detuvo frente a un castillo en ruinas en la puerta principal de su entrada, se paró en sus dos patas traseras y al instante desapareció pero en su remplazo surgió una joven rubia con la misma cara que le había hablado en la perrilla a María, una joven casi de su edad que amablemente le saludo y le dijo:
-Gracias María por venir en mi ayuda.
María impresionada pregunto:
-¿Pero tú no eres la misma niña que me hablaba en la cara de la perrilla?-

-Si soy yo, solo que suelo cambiar de vestido de vez en cuando, para ver si alguien me escucha, llevo siglos gritando por esas calles pero nadie me escucha, no te ha pasado a ti que a veces hablas, dices algo importante y la gente parece que es sorda. Al fin tú me escuchaste hoy y me quieres ayudar. Todo lo que te dije es cierto, mi nombre es Camila.
-¿Pero qué debo hacer?¿Es adentro de este castillo que está el embrujo y el secreto para liberarte y vayas a tu mundo y se sepa la verdad de la duquesa?
-Si es aquí.
María se pasó la mano por la cabellera y resuelta dijo:
-Pues vamos a ver qué puedo hacer…entremos…entremos…
Camila le cerró el paso cuando María quiso empujar la puerta y le dijo:
-No, así no puedes entrar porque morirás de inmediato, te darán ganas de suicidarte, cortándote las venas, desangrándote por todo el cuerpo, tu sangre la necesita el alma de la duquesa para seguir penando, y te suicidaras.
María palideció del pánico, sus piernas temblaban y titubeante preguntó:
-¿Entonces qué puedo hacer? Dime, dime…dime… te quiero ayudar.

Un profundo silencio las envolvió y la tarde iba muriendo. Al final Camila dijo:
-Pon mucho cuidado en lo que te voy a decir, no puedes fallar en ningún detalle: ve y busca un pastor, él que traiga suficiente agua bendita, busca dos autoridades civiles y un historiador, pero que sea un gran conocedor de la historia del país, sus museos y castillos…-María interrumpió y exclamó-¡Lo tengo! Mi profesor de historia…-Camila continuó:-Muy bien, son cuatro personas, contigo cinco, tú las vas a dirigir y tiene que ser hoy, hoy cuando se cumplen cinco siglos del asesinato, si te pasas del día de hoy no podremos hacer nada.
María preguntó:
-¿Y tú qué? ¿ qué hago con ellos?
– Yo ya voy a desaparecer y esperaré que me liberen. Cuando traigas a los cuatro, el pastor rociará con el hisopo el agua bendita sobre la puerta y dirá La Doxología, al instante la puerta se abrirá, entrarán al castillo, el historiador presentará un cuadro de todo lo que ha pasado con este castillo, es necesario para que todos sepan los riesgos que están corriendo y cómo superarlos. Todos, todos, de rodillas deben repetir La Magnificencia invocada por el pastor y luego saldrán a buscar la plaza de armas del castillo, en ella en un extremo está el trono donde se sentaba la duquesa, de cada lado del trono hay sentados la efigie de dos leones, pero dos leones reales que si el pastor no los conjura a todo los devorará. Después de derrotar a los leones el pastor rociara agua bendita sobre el trono, lo empujará a un lado y en la pared aparecerá una puerta con unas escalas, hay que entrar allí y buscar en todos los rincones el cofre, al dar con él lo deben abrir y sacar el pergamino con la confesión de la duquesa, saldrán a la plaza de armas y desde el trono de la duquesa el pastor debe leer la confesión y de esa manera me liberan y liberan a la duquesa. Ahora te he dicho lo que conozco pero no sé qué sorpresas les pueden aparecer cuando entre a la puerta detrás del trono de la duquesa. Bueno María gracias por ayudarme y éxitos en tu labor y anda rápido que se acaba el día.
María angustiada pregunto:-
¿Y cómo hago para llegar?
A lo que Camila dijo:
-Regresa por el camino donde te encontraste a la perrilla, ella en ese mismo sitio los estará esperando para traerlos…
Al decir esto Camila desapareció y quedó María sola, completamente sola con el corazón afligido, sabiendo que no daría un paso atrás y debía salir a cumplir esa misión. Puso el canasto de los panes a un lado del castillo y emprendió veloz carrera a buscar a las personas que le dijo Camila que necesitaba para ayudarla a salir del embrujo.
(Continuará)

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