PAZ VIVA:GUERRA MUERTA

tierramutante

El anuncio en la noche del 10 de octubre desde la Casa Amarilla en Caracas, en un comunicado conjunto de la guerrilla del ELN y el gobierno Nacional de que el próximo 27 de octubre, en Quito se instalará la mesa de audiencias publicas en la negociación de las dos partes de un acuerdo de paz y luego minutos después la intervención televisada al país por el presidente Juan Manuel Santos, ratificando este hecho y puntualizando sobre el final de las negociaciones con las FARC y la aplicación de los acuerdos logrados para vencer el período de incertidumbre que se generó al imponerse el NO en el plebiscito del 2 de octubre, nos llenan de gran optimismo en la convicción de que estamos asistiendo a los últimos estertores del fantasma de de las guerras irregulares, que ha asolado a nuestra patria por 116 años desde aquel fatídico mayo de 1900 con la batalla de Palonegro, donde los colombianos inauguramos las más grandes orgías de sangre y de odio irracional que se tenga conocimiento en guerras fratricidas y que pasó en lo inmediato por la violencia liberal conservadora.

Bautizo de sangre y barbarie que bajo el influjo de la teoría del foco guerrillero que se desprendió con el triunfo de la revolución cubana, se revitalizaría un año antes de la mitad de la década de los 60 y sobre esa mitad con el nacimiento de la insurgencia colombiana: FARC, ELN y EPL y posteriormente M19 y una serie de grupos y capillas en que iban derivando las fracciones de las agencias matrices, con una estela de muerte y terror que van desde el asesinato vil de Gloria Lara hasta la macabra fosa de ajusticiados de Tecueyo por el Grupo Franco.

Al amparo de la lucha contrainsurgente florecieron los carteles de la droga y la corrupción, como olvidar el terror de Pablo Escobar, de Rodriguez Gacha, de los hermanos Rodriguez Orejuela, que sería luego el soporte de las Convivir y los terribles paramilitares con sus motosierras, estancos de cocodrilos para devorar los cuerpos humanos vivos, masacres y fosas comunes.

Hablo de las guerras más visible, pero entre las sombras en la historia casi secreta hay otras menores, que las cifras oficiales no registran en muertes y víctimas, hablemos en el Caribe colombiano por ejemplo la guerra entre los Valdeblánquez y los Cárdenas, qué cuáles podrían ser las estadísticas cuando una guerra menor que esta, entre los Mestre y los Parra, me decía un protagonista del conflicto en su lecho de moribundo, hace muchos años, había dejado más de 500 muertos. Que decir de las guerras entre los esmeralderos, los explotadores ilegales de minas de oro, la piratería terrestre, las llamadas hoy bacrim y demás organizaciones delictivas.

Ese es el fantasma que estamos a punto de darle sepultura con un siglo y 16 años de vida, que nos ha convertido en el más grande cementerio a cielo abierto sobre la tierra, y hablo de los muertos muertos y los muertos vivos que deambulan sin vida ciudadana. Donde las cifras reales, de los muertos muertos nunca las sabremos, pero si es fácil calcular sin el temor a equivocarme, en este predominio de las guerras irregulares -porque ninguna facción fue un ejército-, nos deja: casi un millón de muertos por la violencia, más de 12 millones de desplazados, más de 12 millones de hectáreas de tierras expropiadas, más de 100.000 desaparecidos, más de 3.000 masacres, más de 2.500 fosas comunes y una sociedad enferma e indolente que se expresa en ese 60 o 70 % de abstencionistas que no ejercer el derecho universal al sufragio y son la joya de la corona de una corrupción desbocada que ha prostituido los valores y el derecho digno a la vida.

Esa es la página de nuestra historia que estamos a punto de voltear y asombra todavía encontrar a personajes sufriendo porque ello sea así, no hay duda que ellos encarnan esta terrible maldición de 116 años o están irremediablemente enfermos.
Señores y señoras de la guerra: abran paso que el verdadero siglo XXI está naciendo para nosotros con el sueño de construir un nuevo país basado en la reconciliación, la paz, el respeto y el amor.

Y de la mano de este sueño se construirá la nueva historia, las nuevas artes y literatura de Colombia. Les aseguro que la gran literatura de nuestro país esta por verse, como un único y gran movimiento que exalte la inteligencia, porque el período de los bárbaros pasó al museo de las antigüedades.

marioramonm

 

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