VICTORIAS A LA MUERTE (III)

 

cerdo mutante

LA MIADA SALVADORA

Soy consciente que por mi condición de escritor estas historias de cómo he salvado mi vida en muchas oportunidades pueden parecer cosas de ficción, por eso no había querido contarlas, porque al escribirlas al publico toman ese matiz y es difícil que quiera hacerlas aparecer por fuera de la creación literaria.

Le aseguro querido lector y lectora, que aquí no hay nada de ficción, fueron hechos absolutamente reales y sí mi vida es una historia llena de hechos inverosímiles y uno de estos es el que paso a contar:

Finalizaba la década de los 70 y con ella los desalojos por la Guardia Nacional de Venezuela de los campesinos colombianos que habitaban territorios de la frontera, alegaba el gobierno de ese país soberanía sobre esas tierras.

Llegué a trabajar en una de esas áreas, aledañas al Cerro El Pintao, como recolector de café, donde el señor Favio Echevarria que era de Caldas y dueño de una finca de unas 150 Hectáreas. A los 6 meses de estar trabajando ahí el señor resbaló de una loma y se fracturó la columna. Él vivía solo con su mujer y dos niños. Un día me dijo:

-Mario Ramón ni manera de pelar esta posesión con la Guardia venezolana, pronto vendrán a desalojarme, y yo necesito urgentemente atención médica, tome usted la posesión de esta tierra como cosa perdida.

El señor Favio se fue con su familia y yo asumí posesión de la tierra.Me traje de ayudantes a una pareja de Barranquilla: Ricardo Nieto, de unos 50 años de edad y su mujer muy joven y bella, casi de la edad mía, entre unos 22 a 25 años, que por cierto le gustaba vestir con unos pantalones calientes que resaltaban su bien formado cuerpo y era un alivio en la soledad de aquellas montañas.

Sembramos una Hectárea de maíz pegada a la selva y cuando ya dio cosecha un día muy de mañana me dijo la mujer de Ricardo:

-Mario Ramón hoy quiero hacerle de desayuno una mazamorra de maíz viche…

Le conteste: Excelente idea, voy a buscar las primeras mazorcas.

Ricardo se me brindo para acompañarme pero le dije:

-Es mejor que te quedes haciendo guarapo, ya que se nos está acabando la panela.

Cogí una machetilla, un costal y me fui.Para llegar al cultivo tenía que caminar casi una hora y el estaba en la falda de una serranía pegado a la selva. Llegué y me asomé entre los rastrojos y contemplé todo el cultivo arrasado por cientos de cerdos, no conocía todavía el manaó, con gran dolor al ver perdido nuestro trabajo y alimento, apreté fuertemente la machetilla, pegué un grito y salí a cobrar caro a los animales su obra.

Apenas pude avanzar unos 5 metros porque los animales en maná se vinieron a atacarme, pude ver con claridad sus pelambres y sus grandes colmillos, eran manaos, el miedo me embarco y pegué a correr y en el susto dejé caer la machetilla, los animales en manada me persiguieron gruñendo, me imaginaba devorado por esa horda salvaje y atiné a subirme a un árbol de unos 7 metros de alto aproximadamente y tallo algo grueso, y empecé a escalar ramas a arriba. Miré hacia abajo y con estupor observé que los animales iban rodeando el árbol, eran cientos y cientos. De pronto uno de ellos, el de mayor tamaño, careta mona encendida y ojos como brasas se levantó en dos patas, me miró y lanzó un gruñido e inició a darle al tronco con sus colmillos,de inmediato todos lo imitaron. Yo escalaba las ramas del árbol y aterrado miraba que los animales estaba decididos a tumbarlo y comerme, empecé a sudar copiosamente, me imaginaba el árbol cayendo a tierra y yo devorado entre los colmillos de esos cerdos salvajes, lo que se me ocurrió fue gritar… gritar para ver si se ahuyentaban o alguien venía a socorrerme, pero que va mis gritos los indignaban más y arremetían con más fuerza contra el tronco del árbol.

Aproximadamente en 40 minutos el árbol se fue inclinando, me dije… en 15 minutos caerá y seré hombre muerto. Dije todos mis rezos, secretos, pedí a Dios que me ayudará, pero el árbol seguía cediendo ante la fuerza salvaje. Todo bañado de sudor, pensaba que en pocos minutos sería devorando entre los colmillos y gruñidos de aquellos cerdos…ello me espantaba, recordé mi último talismán… la piedra…la piedra que encontré cuando niño y evolucionó con las imágenes de María, José y el niño Jesús en el pesebre y que después perdí, pero que siempre me acompaña, y ella revivió en mi mente y apareció en todo su esplendor. De inmediato me sacudió una gran tranquilidad y me dieron unas ganas incontrolables de orinar, pensé que ese sería mi último acto humano… orinar…si orinar a la manada de cerdos salvajes. Descendí de las ramas y busqué la más baja, me paré en ella, sostenido con una mano y con la otra abrí la bragueta de mi pantalón y saqué mi pene, con asombro miré que en vez de estar dormido como presuponía por el susto tenía la más gran erección que haya experimentado en toda mi vida. Me dije ¿por qué?ni si viniera la mujer de Ricardo en vestido de Eva. ¿Por qué se ha levantado así mi pene? lo tomé con mi mano haciendo un esfuerzo para apuntar a la manada de cerdos, ya que si lo dejaba a su libre albedrío de seguro me orinaba la cara. Descargué un primer chorro fuerte de orín a la manada e incrédulo miré como al sentir mi orín sobre sus cuerpos los cerdos salían despavoridos gruñendo como si les cayera agua hirviendo. Oriné…oriné y reí..reí a grandes carcajadas oriné… oriné a chorros, el árbol seguía cayendo ya estaba como a 2 metros de altura, no sé de donde saqué tanto orín y todos los cerdos se habían ido, pero quedaba el de la careta mona y ojos de brasas encendidas,e hice el esfuerzo por sacar más orín y nada…me dije a la voz de tres sale porque sale….uno…dos y tres…en ese preciso instante el cerdo se paró en dos patas y gruño de manera retadora, abrió sus fauces y mi pene expulsó con fuerte virilidad un soberano chorro de orín que entró a las entrañas del animal, el que de inmediato gruño de espanto…se revolcó en el suelo como si en su interior hubiera entrado candela pura y emprendió veloz carrera, perdiéndose entre la selva y el árbol lentamente fue cayendo a tierra y volví a tierra…señal de que renacía milagrosamente otra vez.

Mario Ramón Mendoza

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6 comentarios el “VICTORIAS A LA MUERTE (III)

  1. ¡Ja, jajajaja! ¡Vaya tremenda y peligrosa aventura, con tan inesperado desenlace! Cierto que hay historias difíciles de creer, y más sabiendo que los cazadores y campesinos avezados en las veredas de la selva con frecuencia tienden a exagerar para charlar más sabrosamente con los amigos alrededor de las fogatas. Puedo creerte porque de joven a mí me sucedió una aventura similar en la Selva Lacandona de Chiapas, cuando todavía era selva. Ahí vivían en grandes manadas (Ahora son muy escasas, en muchas regiones ya están extintos) los jabalíes y los pecarís de collar, tajacu o coyametl: Los primeros eran como los de tu foto, sólo que peludos, con gruesas cerdas, y colmillos no tan grandes como el de tu foto, pero igual de montoneros y peligrosos. Di8cen que andan dirigidos por un cerdo colorado y chico, alque le llaman tamborcillo, que va produciendo sonidos como de tambor. para que lo siga la manada. Yo no vi a ése en especial, sólo me persiguió la manada, gruñendo salvajemente. Al igual que tú, me subí en un árbol, y eso me salvó, pero tuvo que pasar toda una noche,… queda para la historia familiar; no cuento frecuentemente tal aventura, pues no tuvo nada de valeroso ni de heroico, sólo la carrera y el susto. ¡Quién me mandó ser andasolo y matrero, y meterme en camisa de tantas varas! volviendo a tu historia, el final es verdaderamente pantagruélico, y lo disfrutarán, cuando por oralitura se los cuente, algunos de mis viejos amigos de la selva… ¡Gracias por compartir!

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    • Gracias Juan: si hay muchas historias parecidas con esos animales.La foto que puse ayer fue a la carrera pero la verdad que no tiene mucho parecido con los manaos que me atacaron, tienen más parecidos con los que cuentas en tu suceso. Es que ayer después de estar trabajando con la incomodidad de mi pierna fracturada puse la primera que me encontré pero voy a buscar ahora una más parecida.Interesante tu historia, debes recrearla tiene su gran valor y no debe perderse en la memoria familiar.
      Complacido que te hayas entretenido con el relato. Un gran abrazo hermano.

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  2. Sorprendente, inverosímil,pero si dices que es una anécdota te la creo, después de conocer muchas historias parecidas en mi entorno. Aprovecha esa capacidad que tienes para atrapar al lector, quizás mejor con la narrativa que con la poética. Parecen una misma cosa, pero en el fondo es difícil tener buen manejo de los dos géneros..Que se mejore tu salud..Abrazos!

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