VICTORIAS A LA MUERTE (II)

jaguar

EL TIGRE DE LAS PALMITAS

Pronto se regó por todos los pueblos de Córdoba, Colombia, las hazañas de un tigre que producía estragos entre las fincas ganaderas, y las humildes parcelas de los campesinos pobres: EL TIGRE DE LAS PALMITAS.

Trajeron a los mejores cazadores de Colombia, del eje cafetero, de Antioquia, la IV Brigada, de los llanos orientales y nada detenía su paso aterrador.Se decía que los cazadores cuando estaban frente a su visaje morían de pavor y no lograban disparar las armas y que su paso era tan veloz, que todos temían que con hacer un disparo regresara y los matara.

Era mi padre considerado en ese momento y por mucho tiempo como el mejor tirador y cazador de la región, que le ganaba a todo el que compitiera con él haciendo polígono. A él la comunidad le pidió que matara al TIGRE DE LAS PALMITAS.

No solo era amante de las armas y del tiro al blanco, era un verdadero artista en en el arreglo de ellas. De una arma vieja y fea sacaba una joya de arte. Dentro de esa práctica de un viejo Colt 38 hizo un deslumbrante revólver niquelado con cacha de nácar, al que le incrustó dos rubíes de lado y lado, y era la envidia de todo el que lo conocía.

Un día que hablábamos sobre las hazañas del tigre de las Palmitas y sus deseos de matarlo, le dije:

-Viejo: hagamos una apuesta, si yo mato al Tigre de las Palmitas usted me da ese revólver. Él echo a reír y me dijo:

-Tú, muchachito todavía te huele el ombligo a leche de canime, no, imposible.

Le mire con seriedad y le volví decir:

-Pues soy yo el que va a matar el tigre de las Palmitas.

Rió con mas fuerza y dijo: ojalá y no sólo te regalo el revólver, también el fusil con que peleó tu bisabuelo, el general Rafael Mendoza Paz en la guerra de los mil días.

No volvimos a hablar más del asunto y para mí matar el tigre de las Palmitas se volvió una obsesión. Por ese tiempo ya rayaba los 16 años y en unas vacaciones en la finca de mi tía lejana Epifanía González, me fui a visitar una noche a Evangelista, un primo del que no gustaban que hablara con él, por sus ideas y su práctica de líder campesino, y lo tildaban de comunista, invasor de tierras y hasta de cuatrero.

Para mi era un deleite hablar con él, ya que era el que mejor guardaba la memoria de la familia y me entretenía escuchando sus anécdotas: de cuando Pedro Mendoza puso a correr al gritón de la montaña, o le monto un foco de resistencia al general Francisco Burgos, o de como se escapó Rafael Mendoza Paz del cerco en la batalla de la Humareda. Esa Noche hablamos hasta tarde y al final le dije:

-Primo necesito que me ayude, yo voy a matar el tigre de las Palmitas.

También echo a reír y me dijo:-si tú eres casi un niño, pero cómo lo piensas matar?

Le mire fijamente a los ojos bajo una luna veraniega y resuelto le conteste:

-Primo yo tengo el secreto que uso Pedro Mendoza, Rafael Mendoza y Francisco Fallon para hacerse rico.

Me miro con admiración y me dijo: hijo mio, si tú lo tienes te juro que mataras al tigre de las Palmitas.

Le dije:-primo necesito que me preste su escopeta y me ayude. Él me dijo:

-Mi escopeta es viejita, pero eso si efectiva no falla una, y ayudarte lo que puedo hacer es darte consejos pero esa es una misión que te toca a ti. Mañana mismo salimos para Las Palmitas.

Al día siguiente nos madrugamos para las Palmitas, llegamos después de mediodía. Evangelista buscó un claro del monte, por donde presumía pasaba el tigre. Improviso una barbacoa, trajo un carnero y lo amarró de ella y me dijo:

-Ahora tienes que amarrarte de piernas de aquel árbol -señaló un árbol a unos 10 metros de la barnacoa-para cuando el tigre aparezca si se te da por correr no lo puedas hacer y te toque enfrentarlo.

Me ayudó a amarrarme del árbol, la tarde iba cayendo y me dijo:

-Yo me voy a una de las casa cercanas, cuando escuche el tiro vengo a ver que pasó, si tienes el secreto no dudo que lo mataras. La escopeta tiene un solo tiro, de todas maneras te dejo dos cartuchos más, aunque eso no te va a servir de nada si fallas, el tigre no te dará tiempo de cargar nuevamente. Hijo que Dios te proteja.

Evangelista se fue y la noche empezaba a cubrirlo todo y con ella vino una nube de zancudos que chillaban en mis oídos, azotaban mi cuerpo, y yo con la escopeta sostenida con las dos manos no me atrevía espantarlos por el temor de que apareciera el tigre, miraba al cielo y repetía el secreto infinitamente. El ataque de zancudos se retiró y la luna se fue poniendo en el centro del cielo. Todo era claro como el día y una brisa fría sacudió mis huesos, y apareció el tigre en un claro del monte, un inmenso tigre de aproximadamente dos metros cincuenta centímetros de largo, de color café amarillento y manchas negras.

Instintivamente dije el secreto, lo repetí dos veces y me eche la señal de la santa cruz sobre el pecho. De rodillas con la escopeta sostenida apuntando al animal, no sentí ningún temor, ni deseos de correr, sentí que ya no era el mismo, sino un ser extraño que quería medir fuerzas con el tigre.

El tigre miró al carnero en la barbacoa y empezó a avanzar hacia él, el animal berreaba de miedo e intentaba soltarse de la cuerda. Recordé las palabras de Evangelista: cuando aparezca y le camine al carnero no lo vas a tirar, si fallas te mata, tienes que llamar su atención que venga por ti.

Expandí mis pulmones y de mi garganta salió aquel grito que había aprendido de los mulatos en la bahía de Cispata que era como una señal de guerra: ¡Guayuyú!…¡Guayuyú!… el grito que nada le gustaba a mi tía Epifanía y que al escucharlo le decía a mi madre: oye al indio, ahora si no las pusimos con ese grito…te aseguro que está peleando…

El tigre se detuvo, me miro, sus ojos y los míos chocaron. Eran dos inmensos soles amarillos, que me recordaban mis dudas si los felinos eran originarios de este planeta, o fueron traídos de estrellas lejanas y en sus ojos guardaban el mapa de un extraño sistema solar. Le mire fijamente y recordé el secreto de la abuela cuando empezaba a conocer las cosas del amor: no caces con la fuerza…no cometas tonterías…concentra tus ojos y los ojos de tus ojos hacia la presa de noche y de día…bajo lluvia… bajo soles y veras que ella aturdida corre a beber tu corazón…

Lo miré..lo miré fijamente y me decía en mis adentro…ven…ven por mi aquí estoy. Lentamente él empezó a avanzar hacía mí y las palabras de Evangelista resonaban en mis oídos: cuando te camine no lo vas a tirar…puedes fallar y te mata…déjalo que avance…cuando se acerque tampoco…deja que se te abalance..cuando se te abalance tampoco lo puedes tirar…puedes fallar…tíralo solo cuando este arriba de ti y veas su pecho…apuntale al corazón y dispara…

El tigre aceleró el paso…lanzó un rugido y se abalanzó contra mi humanidad, en fracciones de segundos pude ver su pecho amplio salpicado con manchas negras y apreté el gatillo de la escopeta, el impacto sonó secó, fuerte y un fogonazo azul celeste me embargo, la misma luz que durante muchos años no me abandona y se ha manifestado de diferentes formas, desde aquel día cuando muy niño apareció en el piso a un lado de la cama donde dormía con mi madre, en un camino de luces azules celestes, como luciérnagas y la hizo exclamar: ¡deja de estar fumando!

No sé cuando tiempo duró el fogonazo porque perdí el sentido, cuando volví en si, estaba mi primo Evangelista abrazándome y lloraba de la emoción y me decía: ¡primo lo mataste! ¡lo mataste! ya eres leyenda. Si a mi lado estaba el tigre completamente muerto en medio de un charco de sangre y sí el suceso entró a las leyendas populares, pero dicen que el tigre de Las Palmitas, lo mató mi señor padre y desde ese días era conocido en la región con el nombre de EL TIGRE MONO.

Mario Ramón Mendoza

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Un comentario el “VICTORIAS A LA MUERTE (II)

  1. Regreso para corregir algunos detalles. No saben ustedes lo complicado que es esto ayer fueron 5 horas para copiar y luego reenviar. Me toca escribir de lado, con una pierna extendida en otra silla y para rematar este PC no le sirve la tilde y tiene borradas las letras del teclado.Aprovecho para contestar una inquietud de una campesina de Sibarco, Atlántico, que llamó anoche a indagar por mi salud, que leyó mi primer libro LA MISCELANEA AMBULANTE y me dice que la nieta por el celular compartió este blog con ella y me recuerda que en ese libro también hago mención de las luces azules que me han acompañado y me pregunta si he tenido nuevas experiencias. Le digo que la más reciente fue hace 4 años en Barranquilla, cuando vivía en un apartamento de la señora María Caicedo, q.e.p.d. Mi apartamento daba al callejón de salida a la calle. Yo dormía dando la espalda al callejón y el frente a una pared.Una noche desperté con una extraña sensación y mire a la pared y toda estaba cubierta de una luz azul celeste.Intrigado me levante a tocar la luz en la pared,era luz que venia de alguna parte, no era fuego fatuo pero de dónde venía, me fui siguiendo el rastro y comprobé que se filtraba por los calados que daban al callejón y a la calle. Puse una banca para mirar por los calados, pensé que podía ser el reflejo de un corto en un poste de la luz en la calle que estaba a la entrada del callejón, pero no, nada, mire la hora eran la 1 de la madrugada. Mire al fondo del cielo y divise una gran estrella azul que titilaba.Me parecía imposible que los rayos de luz de esa estrella tan distante pudieran entrar con tanta precisión por esos calados y bañar toda la pared.El fenómeno duro como una hora. Al final la estrella desapareció y desapareció la luz en la pared.

    Recuerdo que en el tiempo que viví en esa vivienda cuando venia de reuniones en la hora de la madrugada me quedaba sentado en el corredor de la calle mirando el cielo, buscando una titilante estrella azul que siempre a esa hora me acompañaba, tengo la impresión que era esa la misma estrella que filtro su luz por los calados de la pared. Otro enigma que no he podido responder y así son muchos relacionados con las luces azules.

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