DE CÓMO LAS BRUJAS VOLANTONAS VOLVIERON A SER BRUJAS TIERRERAS

portada VillanuevaPor esta fecha, me es grato compartir el capítulo IV de mi libro  MISTERIOSAS AVENTURAS DE VILLANUEVA, cuyas copias están agotadas:

DE CÓMO LAS BRUJAS VOLANTONAS VOLVIERON A SER BRUJAS TIERRERAS

Mracayo es un pueblo con muchas brujas. Las hay tierreras y volantonas. Las tierreras aunque tienen algunos poderes son brujas principiantes que no vuelan, y se mantienen en el pueblo. Las volantonas son veteranas en las artes de los misterios. Hacen largos viajes en los se entretienen haciendo fechorías, como chuparle la sangre a los niños recién nacidos sin bautizar, se burlan de los ancianos y los jóvenes, apareciendoseles en toda clase de visiones. Cuando van a realizar sus viajes salen a la media noche, bajo una luna llena, a la orilla de la ciénaga, envueltas en un traje negro, con el cabello largo y esponjoso, suelto al viento, oloroso a hojas de limón, montadas sobre una escoba, con la siniestra compañía de lechuzas y pájaros desconocidos que les silban a los oídos y les revolotean haciendo estrellas en el aire con el vuelo. Ellas también silban y en medio de los silbidos espolean a los caballos de escobas, los que relinchan y salen galopando sobre las aguas, sobre los aires y se pierden entre las nubes, y regresan en las horas de la madrugada convertidas en marranos, burras o lechuzas. Cuando son brujas principiantes que intentan volar y no lo pueden hacer, o no resisten las largas travesías, las compañeras las levantan a escobasos, y por eso es fácil encontrar en Maracayo a viejas, jóvenes y señoras que no pueden levantarse de las camas, porque padecen de escalofríos y dolores en los huesos.

Los niños de maracayo no le temen a las brujas tierreras y hasta se juegan con algunas volantonas, que no se han dejado pervertir por los poderes. En una noche de luna llena los niños jugaban y danzaban alrededor de una hoguera, en compañía de Villanueva y en la ronda llamaron a las brujas tierreras:

“Estamos en ronda debajo
De cielos amarillos,
Queremos que las brujas tierreras
Vengan convertidas en armadillos,
… y que aparezcan como hogueras”.

Al repetir los niños el coro, apareció entre los matorrales un armadillo, un gran armadillo de un metro de alto, de color amarillo resplandeciente como el oro, de camisa y pantalón blanco, con un sombrero vueltíao en la cabeza y una tambora entre sus manos y se vino saltando hacia la ronda, levantando en sus dos patas traseras. El animal se quitó el sombrero, hizo una venia y saludó a los niños, los que se pusieron a reír al instante. Luego empezó a sonar la tambora y todos empezaron a danzar en la ronda, cantando el estribillo:

“Estamos en la ronda debajo
De cielos amarillos,
Queremos que las brujas tierreras
Vengan convertidas en armadillos,
… y que aparezcan como hogueras”.

Y apareció otro armadillo con las mismas características del anterior, saltando en las dos patas traseras, con una tambora en las manos y después de quitarse el sombrero y hacer una venia a los de la ronda, se sumó a la comparsa y al coro. Fueron apareciendo más armadillos, que se sumaban a la ronda, hasta llegar a un número indeterminado.

Dos brujas volantonas que pasaban por aquellos lados, convertidas en cucarachas y que exploraban para organizar una travesía con sus compañeras, al escuchar las voces de los niños y de los armadillos, se acercaron y se estacionaron en la rama de un totumo, e intrigadas dijeron entre sí:

-Oh que veo, armadillos gigantescos de oro, como los que había en los tesoros del cacique Maracayo, no puede ser, vamos a ver bien, que los ojos no nos traicionen y nos nieguen lo que el alma puede ver. ¡Ya está! Que vaina, ¡que vaina carajó! Si son las brujas tierreras con el enano, ajá divirtiéndose, jugando de lo lindo, pero no señor, aquí nadie pasa por encima de nosotras, las que podemos surcar el aire e ir a cualquier rincón del mundo. Cómo unas brujas tierreras, que todavía se orinan en las camas, quieren jugar con magia sin tenernos en cuenta a nosotras que somos las campeonas de los misterios. Hum, ya que les dañamos el plato. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! a avisar a nuestras hermanas!.

Las dos cucarachas salieron disparadas hacia la estancia donde funciona el trapiche del caserío, con el que los pobladores muelen la caña y sacan el guarapo para la melaza, de donde hacen la panela y otros exquisitos dulces. Allí reposaban alrededor del borde de las pailas, en que se cocina el guarapo, las brujas volantonas todas convertidas en cucarachas, degustando el dulce sabor de la melaza. Las dos cucarachas exploradoras como si vinieran de haber visto al diablo, llegaron en forma escandalosa, gritando a voz en cuello.

–¡Muchachas! ¡Muchachas! Pilas que hay un buen trabajo. Ya dijimos que pilas. ¿Qué es lo que pasa? Dejen de estar comiendo dulce como unas bobas.

Las otras cucarachas al escucharlas, levantaron las cabezas, abrieron y cerraron los bigotes y lanzaron una carcajada, que ahuyentó a una rata que se disponía también a darse su banquete de dulce; y la más veterana del combo, una cucaracha de cabeza cenicienta y ojos verdosos, retorciéndose los bigotes con una de sus patas delanteras dijo:

-Haber viejas locas, no me digan que el viaje es para Nueva York City.

Diciendo esto la veterana voló sobre la paila e intentó hacer una pirueta con las patas y alas, con tan mala suerte que no le salió y fue a caer dentro de la melaza, hundiéndose casi hasta el pescuezo y si no hubiera sido porque sus compañeras en medio de las risas y alborotos, le tendieron una vara para que saliera, de seguro que hasta el fondo hubiera dado.

Las cucarachas exploradoras al margen del suceso, algo disgustadas insistieron:
-¿Bueno y cuál es la vaina? Es cierto que hay un negocio mono mono?

Una de las exploradoras contestó:

-Imagínese que las brujas tierreras, están convertidas en armadillos de oro, jugando en una ronda con Villanueva y los niños del pueblo.

Todas las cucarachas se levantaron sobre sus patas traseras y dando saltos como sapitos, rodearon a las exploradoras y moviendo sus quijadas, masticando cada palabra dijeron:

-So viejas borrachinas, puñeteras del diablo ¿adonde se metieron a tragar ron?¿ Cómo se les ocurre decir tanta barbaridad?, nunca una bruja tierrera puede convertirse en nada, ¡en nada!, vean bien lo que están diciendo, no sea una visión que les quiere presentar el indígena ese, que quien sabe de que basurero vino y ahora, dizque con poderes.

Las brujas exploradoras, preocupadas ante la incredulidad de las demás compañeras, recordando los malos ratos que se pasa cuando las otras brujas volantonas llegan a establecer que se les ha engañado, con más vehemencia insistieron.

Oigan señoras, pero ¿de dónde vamos a sacar el ron? No ven que todo se acabó cuando se fue la langosta y la gusanera, y lo otro… lo otro, es que ustedes mismas no han visto los poderes que tiene el enano. Les juramos, por lo que más quieran, que las brujas tierreras están convertidas todas en armadillos de oro. Vamos a ver, vamos a ver y se darán cuenta que no es una visión.

La bruja veterana volvió a retomar el liderato del combo, volvió a volar sobre la paila. Mientras el grupo de cucarachas, hacían varios círculos. Luego se paró sobre sus dos patas traseras, frente de las demás cucarachas, que le daban vivas, y llevándose una de sus patas delanteras a la boca, hizo una señal de silencio:

-Sip.. sip… sip.

Todas las cucarachas guardaron silencio; miraron fijamente a la veterana, cuyos ojos verdes con los rayos de la luna, se tornaban en verdaderos cristales amarillos; dijo ella entre solemnidad e ironía:

-Bueno viejas del carajo, vamos haber que pasa, eso sí les juro, les juro por la sombra de mi madre, que se la llevó la langaruta, si es mentira lo que están diciendo, o una inocentada, las pongo a las dos a peínarle la concha de todas las hicoteas que hay en la ciénaga, con un peine de carey … Vamos muchachas, vamos a ver si es verdad tanta belleza.

El resto de cucarachas, ya algo convencidas de la veracidad de los que decían las exploradoras, cerraron un círculo alrededor de la veterana, y retorciéndose los bigotes con las patas delanteras, dijeron indignadas:

-Malditas mamasantonas, ya que les vamos a dañar la fiesta, de cuando a cuando son capaces de transformarse. Se les olvidó que en Maracayo nadie da un paso sin tenernos en cuenta a nosotras en materia de brujería. Y ahora dándoselas de practicar el amor a la niñez, como nosotras andamos es preocupadas de cosas del más allá, y no tenemos tiempo, para andar entreteniendo pelaos. Vamos a demostrarles a esas patirrajadas quienes somos nosotras.

Las brujas se fueron formando un espeso nubarrón de color café, que muy pronto llegó a la ronda infantil, y sin ninguna contemplación y reparo se prendieron del cabello de los niños, se metieron en las orejas de los armadillos, con tanta violencia, que todos angustiados se regaron por la orilla de la ciénaga, gritando desesperados:

-¡Villanueva! ¡Villanueva! ¡Villanueva! ¡Villanueva ayúdanos! ¿Dónde estás?

Cuando el enano salió al encuentro de los niños y de los armadillos, las cucarachas abandonaron su objetivo y salieron volando a gran velocidad, dejando detrás de sí una terrible carcajada, que se regó en el silencio de la noche. Los niños con los cuerpesitos temblorosos, se agruparon alrededor de Villanueva, y dejaron oír sus quejas:

-Si vio Villanueva, si vio, son las brujas volantonas que no quieren que juguemos, y están por hacernos daño, vamonos a dormir, ya está bueno.

El hombresito agarró el sombrero entre las manos, y con una mirada de ternura, dijo a los niños, devolviendoles la tranquilidad:

-Ese es el problema de los que en la vida adquirieron algunos poderes mágicos: Se creen más que todo el mundo, y utilizan los poderes para burlarse de sus semejantes, y no quieren que nadie se iguale a ellos. Es tan grande su egoísmo que son capaces de hacer cualquier cosa, para que los demás no tengan la satisfacción, que dan los poderes. Esas señoras andan rabonas, porque nunca habían visto a las brujas tierreras convertidas en armadillos de oro, por eso están irritadas… pero hay mis amigos, a ellas les pasa como a la zorra, que nunca piensa que puede haber alguien más astuto que ella, y en el gallinero menos pensado, encuentra la perdición. Como se la pasan haciendo todo lo que les permiten sus míseras almas, para impedir que otros avancen en el conocimiento de los poderes; ¡ah! Mis amigos, vamos a darles una sorpresa a estas matronas. Ninguno se me va a dormir, sigan jugando a la ronda, yo me retiro unos cuantos metros, y vuelvan a repetir el mismo estribillo, y cuando lleguen, y se les prendan del pelo y las orejas, ustedes van a cantar este nuevo estribillo:

“Cucaracha cucaracha,
Armadillo armadillo de oro,
Como una sola hacha
Gritemos en un solo coro”

Los infantes y los armadillos escucharon con atención todo lo que el hombresito les dijo, y luego saltaron de contentos, seguros de que estaban protegidos por Villanueva, y les iban a hacer pasar un mal rato a las brujas volantonas. Agarrados de las manos, saltando y cantando, se fueron a hacer la ronda nuevamente. Rodearon la hoguera que agitaba rojas y azules lenguas de fuego iluminando sus carítas sonrientes, los ojos tiernos amarillos, y el resplandeciente cuerpo de sus compañeros. La ronda dio varias vueltas alrededor de la hoguera y luego se escuchó el estribillo:
“Estamos en la ronda debajo
De cielos amarillos,
Queremos que las brujas tierreras
vengan convertidas en amarillos,
y que aparezcan como hogueras”.
Las cucarachas que venían en un nuevo plan de agresión, al escuchar el estribillo se retorcieron y zumbaban azotadas por el viento e indignadas aceleraron el vuelo, agitando reiteradamente las alas y llegaron a la ronda más agresivas que la primera vez, silbando, apretando las mandíbulas. Se agarraron del cabello de los niños, y se metieron en las orejas de los armadillos, a los que les lanzaban profundos silbidos y volcánicas carcajadas. Al instante los niños y los armadillos, como si estuvieran hipnotizados contra la maldad de estos insectos, cantaron el estribillo que Vilanueva les indicó:

“Cucaracha cucaracha
Armadillo armadillo de oro
Como una sola hacha
Gritemos en un solo coro.
“Cucaracha cucaracha
Armadillo armadillo de oro
Como una sola hacha
Gritemos en un solo coro.

El estribillo se escuchó en todos los contornos, llegó al matorral donde estaba Villanueva aguardando la señal; el hombresito salió con gran agilidad corriendo, hasta donde danzaban los niños, y con el dedo índice hizo sobre la tierra un círculo alrededor de la ronda. Las cucarachas apenas notaron su presencia, se desprendieron del cabello de los niños y de las orejas de los animales, volaron con la misma fuerza con que habían llegado, muertas de la risa, pero al encontrarse con los límites que Villanueva trazó, rebotaban como pelotas de caucho, saliendo disparadas hacia la hoguera, y debían hacer un gran esfuerzo para mermar el impulso y no ser devoradas por las llamas. Al caer a tierra perdían la capacidad de volar, no quedándoles mas que salir corriendo alejándose de las llamas, pero volvían a ser expulsadas por el círculo, y nuevamente tenían que luchar para no ser incineradas. Así se estuvieron por largo rato, hasta que Villanueva preguntó a los niños y a los armadillos.

_¿Ahora qué hacemos? Tenemos aquí a estas señoras cucarachas sin que puedan salir de los linderos que les he trazado, haber que les ocurre a los niños, y a estos pícaros armadillos.

Entre risas y algarabías todos los de la ronda contestaron:

-¡Villanueva, Villanueva, déjanos jugar a la gallina ciega, si Villanueva!

Las cucarachas al oír la palabra gallina, la piel se les puso de gelatina del miedo que las embargaba. No sabían ahora a que tenerle más pavor, si a la raya que las repulsaba, a la hoguera que se las pelaba por incinerarlas, o a las gallinas que iban a aparecer. Corrieron como locas alrededor de la hoguera, llevándose las patas de adelante a la cabeza y decían entre ellas:

-Ay hermanas, esto si está peludo y ahora ¿qué hacemos? Ay hombé, ay hombé.

Las brujas tierreras

Villanueva se colocó dos dedos de una las mano en la boca y lanzó un fuerte silbido, con el mismo que solía llamar a los caballos. Al instante los niños y los armadillos quedaron convertidos en gallos y gallinas de diferentes plumajes, con una venda de color negro en la cabeza, cubriéndoles los ojos, con una pata enyesada y andando sobre pequeñas muletas de madera, que sostenían con las alas. Las gallinas y los gallos se miraron entre si, levantaron los pescuezos y dijeron con mucha enjundia:

-Muchachos, muchachos, llegó la hora, ¡a la carga!

Las cucarachas al ver esta metamorfosis y la declaratoria de guerra, el estómago se les revolvió y en un drama singular con las patas delanteras en la cabeza, empezaron a vomitar la melaza que se habían comido en la estancia. Los cuerpos sudorosos y con temblores reiterados se juntaron en una mancha que exclamaba:

-Ay vida perra, cambiar el deleite de la paila por venir a este calvario, por meternos con este tipo. Ahora ¿para dónde cogemos?, por un lado la candela, por otro esa vaina que nos empuja para que nos achicharremos, y para acabar de rematar esos malditos tullidos y tullidas, jum… cuándo una cucaracha se le ha salvado a una gallina, con razón dicen por ahí, cuando alguien esta fracasado: “más perdido que cucaracha en baile de gallina”, y a estos cojinetes que si se les ven las ganas de tragarnos, no nos toca es sino pagar escondederos, vamos, vamos a buscar, busquemos, busquemos, busquemos todas…

Con gran desesperación las cucarachas salieron a buscar un agujero en la tierra donde ocultarse de las gallinas y los gallos, los que cojeando en sus muletas andaban detrás de ellas, dándoles picotazos en todo el cuerpo. Buscaron hasta el cansancio, escudriñando y escarbando la tierra por todos los lados y no pudieron conseguir ningún agujero, porque el suelo era de arena y barro macizo húmedo. Aterradas por la suerte que les esperaba, se dieron a lamentarse de su infortunio:

-Vean, ahora ni siguiera un agujeríto donde escondernos, ni un agujeríto, ¡que suerte la nuestra, malaya sea!

Y rendidas del cansancio, con las fuerzas extenuadas ante tanta búsqueda y el miedo por el peligro que se les avecinaba, con un intenso dolor en todo el cuerpo, y el alma agonizante, se arrastraron unos cuantos metros hasta la raya que rodeaba la ronda y exclamaron:

– ¡Ya, ya tullidos del carajo!, ¡traguen! ¡traguen y acaben con esta vaina!.
– Pero los gallos y las gallinas, en vez de tragarse a las cucarachas, se les dio por aplicarles otra dosis de picotazos, en medio de furibundas denuncias que las hacían estremecer, moviendo las cabezas negativamente y diciendo:

– ¿Yo? ¡yo no fui!

Los gallos y las gallinas decían:

-Este picotazo por el susto que le pegaron a la abuelita Carmen.

-Este otro por la niña Diana, a la que le chuparon la sangre.

-Este por venir a perturbarnos la tranquilidad.

Las cucarachas agonizantes, con un sentimiento de resignación, de dolor y arrepentimiento, se pararon sobre sus cabezas y gritaron:

– ¡Traguen! Ya traguen, no más, ¡no más por favor!

Y efectivamente los gallos y gallinas se dispusieron a tragarse a las cucarachas, diciendo:

– A la voz de tres nos zampamos a estas malditas cucarachas de un solo tiro, uno, dos… y …

-Un momento, todavía no señoras cucarachas ¿Quieren seguir viviendo?

Las cucarachas se pararon sobre las patas traseras y revolvieron los bigotes como estiletes, tratando de establecer de donde partía la voz de Villanueva, gritaron de manera delirante:

-Si si si, señor por favor ¡sálvanos de estas malditas tullidas!

Villanueva volvió a hablar:

-¿Pero a cambio de que?, ¿Qué quieren los niños de Maracayo?

Los gallos y gallinas cacarearon, levantaron los pescuezos y sacudieron el entendimiento y gritaron entre aleteos, cacareos y coscoroyo:

– Queremos que las brujas volantonas vuelvan a ser toda la vida ¡brujas tierreras!

Si antes con el anuncio del juego, a las cucarachas la piel se les volvió de gelatina, ahora no había con que compararla, porque temblaban de pies a cabeza con múltiples movimientos por segundos, se retorcían y se revolcaban en la tierra, ante la posibilidad de perder para siempre los poderes. Con un gran esfuerzo sacaron, la poca energía que les quedaba, la juntaron, la hicieron compacta con sus cuerpos, en una marcha de color café que se levantó unos pocos centímetros sobre la tierra, y salió disparada con tal velocidad, que al chocar con los límites que había impuesto Villanueva, se escuchó un sonido estruendoso, similar al de un árbol gigantesco cuando es derribado en el centro de la selva, y con tal fuerza fue repelada la mancha por el círculo que las cucarachas se desgajaron de la nube y lanzadas hacia el fuego, derribaron a los gallos y gallinas, que inquietos observaban el suceso. Las cucarachas entre la vida y la muerte, patas arriba, entre las patas y las plumas de los gallos y las gallinas, ahora si lanzaron el más sincero grito de dolor y arrepentimiento, por toda la perversidad cometida en el abuso de los poderes:

-¡Queremos vivir! ¡vivir! Así sólo seamos brujas tierreras, pero queremos vivir.

Al oír los gallos y gallinas, esta dolorosa súplica, se levantaron como electrizadas y entre furiosos cacareos dijeron:

-¿Vivir? ¿vivir? Pues irán a vivir en nuestros buches, ahora si, a la voz de tres nos zampamos a estas degeneradas cucarachas, ahora si, jum, no las salva ni el Papa chino…uno…dos… y…

Las cucarachas se despidieron de la vida terrenal, ya no lloraban, no gemían, cerraron los ojos y cruzaron las patas delanteras sobre el pecho y esperaron convencidas de que venía el zarpazo final y Villanueva arrebató la palabra a los niños y dijo.

-Y tres…

Pero las gallinas y los gallos no se tragaron a las cucarachas. Al decir Villanueva tres, todos ellos, gallos, gallinas y cucarachas se convirtieron en los alegres niños de Maracayo y en los resplandecientes armadillos de oro, que bailaban y danzaban alrededor de la hoguera, cantando el alegre estribillo:

¡Cucaracha cucaracha,
Armadillo armadillo de oro,
como una sola hacha
gritemos en un solo coro”

Desde ese día los jóvenes y los viejos no volvieron a ver visiones en las noches, ni los niños se despiertan llorando durante la madrugada con los cuerpitos llenos de moretones, por la sangre que le chupaban las brujas volantonas, pervertidas en los poderes.

Mario Ramón Mendoza

Del libro MISTERIOSAS AVENTURAS DE VILLANUEVA.

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