PANTANAL DE MATO GROSSO LA VIDA

Este es el cuento que llevaré junto con LAS VOCES DEL AGUA, en un adelanto de mi libro TIERRAMUTANTE a la Feria Internacional del Libro de Mato Grosso Do Sul, Brasil. Las ilustraciones son obra del artista plástico barranquillero Milton Viloria.

PANTANAL DE MATO GROSSO LA VIDA

“Esto aquí es mi vida, mi alma. Si me llevas lejos de esta tierra, toma mi vida.” Marcos Veron

Cinco indiecitas Guaraní Kaiowá, llegaron a Nanderun la llamada tierra roja, donde está el otrora cementerio de sus antepasados, vinieron desde la aldea de Jaguapirú a una cita con la muerte.

Se agruparon debajo de un frondoso árbol de Paratodo, que a lo lejos resplandecía con su inmensa copa de flores amarillas. Cada una de ellas no alcanzaba los quince años y se vistieron con la tradicional indumentaria: diadema de plumas de diferentes colores sobre las cabezas, caras pintadas con signos rojos y amarillos y vestidos enterizos con exquisitos bordados. Sólo una llevaba una mochila, era la líder del grupo.

Todas tenían una mirada clara cargada de una honda tristeza, tan grande y profunda como el pantanal. Una preguntó a la de la mochila:

. ¿Trajiste todo?

Ella contesto: -Sí- y abrió la mochila sacando cinco cordeles de ortiga brava, que entregó a cada una, y mostró tres botellas de Cachaza y procedió  a destapar una y dar de beber a las compañeras, las que tomaron un sorbo.

Se dispersaron alrededor del árbol y cada una escogió una de las ramas más bajas y amarró el cordel. Cinco sogas caían de las ramas que formaban cinco círculos como la boca de una anaconda esperando a su víctima. Nuevamente se agruparon y se sentaron en la Tierra debajo del árbol, la líder señalando hacia un cerro dijo:

Cuento Mato Grosso 1-Cuando el sol se oculte detrás del cerro haremos la ofrenda.

La menor del grupo, aproximadamente de unos doce años irrumpió a llorar y dijo:

-Sí es mejor partir…tanto sufrimiento…hambre…no hay escuela…no hay trabajo para nuestro padres…

Otra dijo:

-Es posible que la Tierra sin mal esté en el más allá.

La líder del grupo dio de beber otro trago de aguardiente  a las compañeras y dijo:

-Desde que nos sacaron de la tierra, esta que es nuestra tierra, todo ha sido tragedia para nosotros: viviendo en chozas cubiertas con plástico a las orillas de las carreteras, nuestros padres sin trabajo y cuando consiguen en las haciendas de caña, soga o ganaderas es por salarios miserables, cuando les pagan, donde una vaca vale más que la vida de ellos, tratados como animales y ausentes de los hogares por más de noventa días. Nuestros padres, hermanos… perseguidos, asesinados, o llevados a los tribunales, juzgados con una lengua que no entendemos  y no nos permiten la defensa en la nuestra.

En pocos minutos consumieron el contenido de la botella y la líder sacó otra que también bebieron con rapidez, entre lágrimas e inocentes murmullos que hacían vibrar al árbol de Paratodo, que agitaba sus ramas y las bañaba con sus flores amarillas.

-Papito…mamita…es por ustedes que lo hago…

-Adiós… adiós… mundo cruel.

-Al fin vamos a conocer la tierra sin mal, dicen que allá no se muere y la felicidad es eterna.

No se dieron cuenta en qué momento consumieron las tres botellas de Cachaza. El delirio de las cinco era tan conmovedor que el árbol no paraba de vibrar y desprender flores que caían sobre sus cabezas.

Lentamente el sol se fue ocultando detrás del cerro y los cinco corazones adolescentes habidos de ese momento lo contemplaban con unos ojos fijos que ya no botaban lágrimas, unos ojos que imponían una prolongada música de silencio, donde el árbol dejó de vibrar y desprender flores y en la selva no se escuchaba ni el aleteo de una mariposa.

Sólo los cinco cordeles, con sus bocas abiertas se movían rítmicamente, como si danzaran esperando el paso de la muerte. Pero las niñas Guaraní Kaiowá en vez de proceder a ponerse la soga al cuello y quitarse la vida, una a una fueron cayendo inexplicablemente y todas quedaron tendidas en el suelo. El árbol de Paratodo nuevamente empezó a vibrar y desprender  miles de flores amarillas que caían cubriendo los cuerpos de las adolescentes.

De repente sus cuerpos empezaron a estremecerse, agitaban los brazos, las piernas y todas al mismo tiempo se pusieron de pies. La selva estaba entre las luces del día que se extinguían con las sombras de la noche que se abrían paso, y apareció a los ojos de las adolescentes una terrible anaconda de color verde, una anaconda aproximadamente de unos ocho metros de largo y de un ancho donde podía caber una vaca de pie, las indiecitas apenas alcanzaron a exclamar con un grito que se extendió en la selva:-¡Oh no!, porque el animal con la velocidad del rayo las absorbió y engullo simultáneamente a todas sin triturarlas.

Cuento Mato Grosso 2

El viaje en las entrañas de la culebra fue rápido y pronto las cinco indígenas Guaraní se juntaron y estaban entre las aguas de un río caudaloso, en medio de una negra noche. La líder del grupo dijo: -no se ve nada…nada, mantengamos a flote y atentas a ver si divisamos alguna luz.

Una cerca de otra flotando sobre las aguas que las llevaban a rumbos desconocidos. La menor del grupo exclamó:-¡Miren…miren allá! hay una lucecita- y señaló con un dedo.

Todas miraron hacia donde señaló la compañera y la pequeña luz fue creciendo y se hizo como el cuerpo de una persona y la líder de inmediato dijo:-¡Es Isondú…Isondú!, el señor de la luz.

Cuento Mato Grosso 3A los ojos de las cinco indígenas Guaraní apareció un indio luminoso, del que se desprendía miles y miles de cocuyos que le alumbraban el camino y pudieron divisar a pocos metros una islita, donde estaba parado el indio luminoso que ellas llamaba Isondú. Tiritando de frío tocaron la orilla del islote y se adentraron unos cuantos metros, donde la luz era más clara gracias a los miles de cocuyos que salieron del indiecito luminoso, él que ya no estaba. Aterrorizadas vieron desde la orilla la velocidad con que el río se desplazaba. Una de ella pregunto: -¿Alguien sabe qué río es?

Quedaron perplejas con la pregunta y coincidieron que era un río desconocido.

Los cocuyos se extinguieron y la noche se hizo más oscura y un sentimiento de soledad y temor las embargo, donde sólo lograban divisar la velocidad de aquel río que no tenía orilla.

Un leve sonido de maracas les llamó la atención, se concentraron a ver de dónde salía, y el sonido se hizo más agudo y prolongado con el murmullo creciente de las aguas, que configuraban una bella melodía y ante los ojos de las indiecitas irrumpió la imagen de una bella indígena que a medida que movía sus brazos y cabellera la música iba creciendo, en medio de inmensos resplandores. La líder no dudo en exclamar: -¡Es Yrasema! ¡Yrasema!, la diosa del murmullo de las aguas y la virginidad.

Cuento Mato Grosso 4

Quedaron impresionadas por  el ambiente que generaba aquella mujer, donde las aguas cantaban, arrullaban con sonidos armónicos bañando lo más profundo del ser.

Lentamente la mujer se les acercó y les dijo suavemente con un gran amor maternal:

-Oh mis pequeñas hijas de la selva, ¿por qué quieren quitarse la vida?, si ella a sus edades es tan maravillosa.

Al terminar la  mujer de preguntar, las cinco indiecitas  estallaron en sollozos y gemidos que se escucharon en todo el islote y se prolongaban en el cauce del río.

La bella mujer prosiguió:- Desde que ustedes fueron expulsados de la tierra han destruido los bosques, los ríos se contaminan y se secan, los animales están despareciendo y lo que les espera a todos es la muerte, si muere el agua…muere la vida…muere la naturaleza. Pero ay mis pequeños capullos no se quiten la vida es el mejor consejo que les puedo dar, y sí yo no las persuado espero que el que viene detrás de mí si lo haga…

Diciendo esto la extraña mujer desapareció, pero al instante en la orilla volvió aparecer Isandú que conducía una balsa, rodeado de muchas luces, y con él descendió de la pequeña embarcación un indio de estatura pequeña, algo regordete, y apenas pisó tierra firme con toda la claridad de Isandú y las luces que desprendía, la líder logró distinguir al personaje:

-¡Es el cacique Marcos Veron! ¡Es él!

Las otras indígenas exclamaron: ¡Es igualito al de la foto!

Marcos Veron venía con sus plumas sobre la cabeza, la cara pintada y con el pecho descubierto. Se acercó al grupo y de inmediato les empezó a decir:

-Hijas queridas, quiero que recuerden el suicidio de mi hijo Valmir Veron,  que sucedió después de mi asesinato. Pues sepan ustedes que no estoy de acuerdo que él se haya quitado la vida, ese no fue el ejemplo que le deje. Muy poquitos que somos y si nosotros mismos nos quitamos la vida quien luchará por  la madre Tierra, nosotros que somos los hijos de la selva, quien luchará por su existencia y todos sus habitantes. Hay que hacer lo contrario, juntarnos todos para vivir más, los cuarenta y cinco mil, o los cincuenta mil que somos, para que la selva tenga esperanza, las aguas sigan cantando y la vida floreciendo sobre la madre Tierra.

Mis niñas queridas lleven este mensaje, hay que regresar a la Tierra roja, pero hay que hacerlo todos unidos, para cuidar el agua, los ríos, las lagunas, los bosques y los animales.

Es cierto que son muchos los enemigos, que no les importa acabar con la vida con tal de que sus negocios prosperen, pero no todo el mundo piensa así, la gente empieza a hacer conciencia que estamos viviendo un cuarto de hora en la madre Tierra y que si queremos alargarlo es necesario cambiar de actitud hacia ella, seguir como vamos es la muerte segura. ¡Vivir…vivir en paz y armonía! Es la mejor respuesta a la muerte.

Después de las palabras del cacique Marcos Veron, el islote se hundió en tinieblas y se precipitó un fuerte aguacero, en medio de un gigantesco huracán y las indiecitas estallaron en sollozos, exclamando a todo pulmón:

-¡Cacique no te vayas…no te vayas! Las voces se perdieron entre el  rugido de la naturaleza.

Las cinco niñas  Guaraní simultáneamente despertaron, se arrodillaron sobre la Tierra, se frotaron los ojos y observaron que el sol empezaba a salir del lado opuesto al cerro.

La líder preguntó:

-¿Y ahora quien quiere quitarse la vida?

Las cinco indiecitas echaron a reír, se inclinaron sobre la Tierra, la besaron, besaron el manto de flores amarillas y pidieron larga vida para seguir luchando por la madre Tierra, la selva, las aguas y todos los hermanos y difundir el mensaje del cacique Marcos Veron.

Contemplaron las ramas del árbol de Paratodo, que seguía echando flores amarillas, y en cada soga tenía revoleteando un pájaro chogui de pecho amarillo y cabeza azulada que volaba de la rama a la boca del cordel, alegremente cantando. Una de las niñas dijo:

-Miren los colores de esos lindos pájaros  y como cantan de bello, cuenta la leyenda que el niño cayó Cuento Mato  Grosso 5del árbol, murió en los brazos de la madre y en chogui se convirtió, renació en otro ser…nosotras nos queríamos quitar la vida colgándonos de esas sogas, no  sucedió así y renacemos para una larga vida, por la madre Tierra, la selva, las aguas y todos nuestros hermanos.

Barranquilla, noviembre 19 de 2014

Mario Ramón Mendoza

Del libro TIERRAMUTANTE

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4 comentarios el “PANTANAL DE MATO GROSSO LA VIDA

  1. Querido Mario Ramón: he disfrutado tu relato que, como casi todo lo tuyo, deja traslucir tu postura, sana, positiva y justiciera frente a la Vida. Una acertada manera de comunicar los problemas de los pueblos indígenas a través de las voces inocentes de las niñas y personajes de fábula.
    Estoy segura será bien recepcionado pr quienes lo escuchen en el encuentro!

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