Poetas condecorados con la Luis Carlos López (III)

Momentos en que Guillermo Solano recibe la Medalla Luis Carlos López

Momentos en que Guillermo Solano recibe la Medalla Luis Carlos López

Guillermo Solano Figueroa: creador nato

José Guillermo Solano Figueroa (q.e.p.d), fue el primer poeta en recibir la Medalla Luis Carlos López al mérito poético en el Caribe colombiano el 23 de abril del año 2004.

El 17 de octubre, día en que nació en el año 1926, le haremos una ofrenda floral con algunas escuelas en las que el regaló sus libros y leyó sus poemas y en el acto de condecoración de la poetisa Elizabeth Miranda Guerra estaremos recordando su obra.

Como un anticipo a ese recordatorio aquí comparto otro escrito de El encanto de la Macuira, para una mayor información sobre este destacado poeta caribeño.

IV. PALABRA: LA RUTA DEL AGUA

La palabra poética tiene un profundo parecido al agua, en su vibración, en su belleza, en la lucidez a la que puede aspirar y en su origen misterioso.

GULLERMO SOLANO en su condición de creador, por esas extrañas concatenaciones que existen, ya sea entre un átomo de tierra y la más apartada estrella del cosmos, o desde el mundo que subyace en un poema, con el trasmundo universal, dijo en sentida prosa lírica, desde sus primeros años como creador:

“Somos de agua y adentro tenemos el mar, el río, el arroyo, y el arco iris. Somos de agua y sin ella se inmoviliza el corazón. Nuestra voz es de agua. Nuestra alma es de agua. De agua es el amor y de agua son las nubes. La esperanza es agua que abona el alma y las lágrimas, agua para apagar el incendio del dolor”. Y preguntándose cómo camina la palabra, se responde que camina en silencio y que su ruta es la del agua, los rumbos que toma para convertirse en canción o dulce líquido, en ofensa o en consejos, en torrente o fango, en mimo o frío aguacero, es símbolo de la existencia de algo que se mueve, que intercambia luces y sonidos y no deja acabar el mundo.

Primera parte del QUINPOE que escribí a Guillermo Solano (q.e.p.d) en sus 80 años.

Primera parte del QUINPOE que escribí a Guillermo Solano (q.e.p.d) en sus 80 años.

Esa es la palabra que en el poeta lo lleva a construir un lenguaje propio, un universo insólito que tiene su indeleble sello personal.

GUILLERMO SOLANO es un poeta con un exuberante vocabulario, de palabras viejas y palabras nuevas, palabras esquivas y palabras dóciles, que en su arte adquieren una rara luminosidad y acento musical, como pocas veces se da entre los poetas de hoy. Su expresión es sencilla, hasta el punto de revivir el hábitat de los pobres en el campo en los tiempos de su niñez: una hamaca, un burro, una tinaja, un perrero y la casita de barro albarizo.

Con la desnudez y el habla de los abuelos, con esa mezcla encantadora donde conviven palabras de los indígenas Guayú (así con G, para ser leal a su expresión), los arhuacos y el español más puro. Pero es su soplo poético especial el que logra darle vida a todas estas palabras y hace que anden como el agua, provocando cascadas, aguaceros, marejadas y lagos apacibles, en unas asociaciones libres y espontáneas, para renovarnos el habla con imágenes arrancadas de un mundo misterioso.

Evocar a Mamatola en Yivinaca, sentir un cernidillo, escuchar el corveteo de los terneros, ver las blancas velas que se van y las verdes velas que se quedan, un cayuco que se desvela atado a recuerdos tristes, el boscaje tétrico y nemoroso, escuchar un fogón estruendoso y chisporroteador, o hablar de la chichamaya, danza lúdica, india sensual que vuela con sus pies como alas en lúbrico periplo, o que las hojas son glauco dédalo de manos, son ensoñados paisajes que nos pinta el agua en su infinito devenir, desde el adentro, bien adentro de su ser.En esas infinitas marejadas, GUILLERMO SOLANO con 82 años bien vividos, como un adolescente juega e inventa palabras, con una libertad que ya quisiera ver en aquellos poetas de cenáculos y academias, que por mucho que se esfuercen su mundo artificioso siempre salta a primera vista.

He aquí un ejemplo de libertad creadora, de sencillez y sinceridad que se traduce en belleza y aventura con la palabra:

“Todo bien, todo bien”
Así es, bien, bien
todo pasa y acaba,
pone punto final,
tranquilo el niño
vacante el viejo
muerto el burro,
cansado el caballo,
injusta la ley,
torpe el engaño,
feliz la vida.

O en este poema Antepenúltima:

“Sandunga lúbrica
Exótico cántico
lánguida luna
tétrica fronda
Simétrico montaje
Estúpido paciente
Sistemático error
Retórica vibrante”
Y qué decir cuando de manera audaz se nos convierte en historiador, con dos libros que casi alcanzan las 200 páginas, uno en versos rimados y otro en prosa y nos va reconstruyendo la historia de su pueblo Barrancas. O cuando su tono de abuelo lo domina y lo convierte en un destacado pedagogo al decir del escritor español JOSE MANUEL LOPEZ GOMEZ, con su libro Mensajes de Conducta Formal, libro también en versos rimados, donde transmite su experiencia de vida, con sencillos consejos para los niños y los jóvenes. Pero tal vez lo que más me asombra a estas alturas del partido es cuando GUILLERMO SOLANO nos muestra esa otra tonalidad, en su soplo de creador y se convierte en fabricante de palabras, palabras con belleza y sonoridad, que vuelan como meteoritos en los cielos de Patsurín y Yivinaca y recrea a su amada y bella Guajira: Rucain, Carbio, Vinco, Carujo, Bercalo, Patsurín, Asilandia, Asilandés, Karimon, Zarella. Que más que palabras son agujeros negros inagotables, que nacen de su aldea, de su tribu interior, como cuando dice al finalizar su novela El Aventurero feliz:

Visita a la casa donde nació el poeta Solano, nos acompaña Luis Arias Manzo, chileno fundador del Movimiento Poetas del Mundo.

Visita a la casa donde nació el poeta Solano, nos acompaña Luis Arias Manzo, chileno fundador del Movimiento Poetas del Mundo.

“Patsurín: ¡Adiós! Sigo pensando en ti, en tus chichamayas, en el sonido de tus retumbantes tambores, en tus majayuras de paso silente, en tus alcaravanes, en tus flamencos que cuando vuelan tiñen el cielo de rosáceo y espléndido fulgor, en tus artesanías que como manto milagroso han cubierto tu vida de seguridad, abundancia y amor.

Patsurin: eres la patria chica de mi alma. Que sigas brindándole agua a los que, indiferentemente, te vieron con sed, casi muerto y no fueron capaces de calmarla. Eres noble, generoso y amable, que sigas así. En tus múcuras con chicha, en tus telares, en tus canciones, y en tu tradicional indumentaria se refleja la realidad de un sol que no declina para darte calor y brindarte los descomunales horizontes con caminos sin traba a tus deseos. Ojalá.

Por la pampa sigue el viento marcando sus huellas en los arenales y un tambor con voz de lejanía trae mensajes de amor y chichamaya. Maleigua abrió las puertas a Patsurín y su luz nunca se apagará. En un corcel de oro vigila su destino y escribe la impronta para orientar sus pasos. Que la conducta de tus hijos se mantenga firme para no desviar su envidiable sendero, que de la mano de Maleigua conduce a la gloria. Que así sea”.

Así es el testimonio de humildad de alguien que desde bien temprano aprendió que su nombre está escrito en el agua.
MARIO RAMÓN MENDOZA

De el libro de mi autoría EL ENCANTO DE LA MACUIRA, presentado el 24 de octubre de 2008 en Bellas Artes de Barranquilla.

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