De la aldea al mundo…

El 29 de septiembre en Indiegogo, daré inicio a la campaña por la escritura y lectura de mi próximo libro, TIERRAMUTANTE con el sistema de donaciones y recompensas. En uno de los paquetes de obsequios estará el libro El encanto de la Macuira: Vida y obra del poeta Guillermo Solano Figueroa. El pasado 28 de agosto Guillermo Solano falleció. Me llena de mucha satisfacción saber que este trajo lo hice en vida del creador. El libro fue presentado en el teatro de Bellas Artes de Barranquilla, el  24 de octubre de 2008. A un mes del fallecimiento del colega comparto dos capítulos de la obra:

La siguiente ilustración fue obra del pintor ecuatoriano Mario Suarez.

La siguiente ilustración fue obra del pintor ecuatoriano Mario Suarez.

 

VII: UN RÍO DE VOCES

Llegó GUILLERMO SOLANO, en las horas de la tarde a la ciudad de Popayán. Había viajado desde tempranas horas de la ciudad de Pereira para saldar un compromiso de casi medio siglo: conocer más sobre el poeta GUILLERMO VALENCIA. Sin bajar las maletas del vehículo que lo había transportado hasta un lujoso hostal, le preguntó al conductor:

-¿Me queda cerca la casa museo GUILLERMO VALENCIA?

-Si señor a unos cinco minutos de aquí-Respondió el chófer.

Aquel 17 de Octubre del año 1986 estaba la bella villa, la histórica ciudad de Popayán cercada por tenebrosos nubarrones, que con música de truenos anunciaban un fuerte aguacero.

Apenas GUILLERMO guardó las maletas en la habitación que le asignaron, salió a la calle, respiró profundo y se dijo: – Ahora sí, a la casa museo GUILLERMO VALENCIA- a medida que se desplazaba revivían en su memoria muchas imágenes de su padre en sus años de infancia, sobre todo aquel día del año 1935 cuando él lo sentó cerca del tinajero, allá en Barrancas, y abriendo un libro entre sus manos le leyó aquel poema: /Dos lánguidos camellos/ de elásticas cervices/ de piel sedosa y rubia…/ y luego le dijo: – lo escribió GUILLERMO VALENCIA, para que lo sepas, te llamas GUILLERMO, por el poeta GUILLERMO VALENCIA, oye que no se te olvide. Recordó que en medio de la confusión, sólo atinó a decir a Gabe: – pero papá, cuándo me llevas a conocer los camellos – y él rascándose la cabeza, sorprendido por su reacción le dijo bien despacito: – Espera que llegue un circo al Valle y te juro que nos volamos los dos y te muestro los camellos.En estas cavilaciones venía, y no se dio cuenta en qué momento llegó a la casa museo GUILLERMO VALENCIA. Contempló a vuelo de pájaro la fachada de la construcción que con aire colonial parecía invitar a conocer los secretos que guardaba. La puerta principal de la vivienda estaba abierta. GUILLERMO avanzó hasta su marco y reparó en el interior, una pequeña sala de recepción con varias sillas vacías. GUILLERMO golpeó la madera de la puerta y preguntó con voz vigorosa:

-¿Esta es la casa del poeta GUILLERMO VALENCIA?

Al instante salió de una puerta que comunicaba con la sala de espera un señor de estatura media y cabeza plateada y algo grueso que dijo con voz suave:
-Buenas tardes, sí señor, adelante, esta es la casa museo GUILLERMO VALENCIA.
GUILLERMO SOLANO, aturdido por la emoción, alcanzó a decir entre titubeos:
– Gracias, gracias, muy amable.
Al ingresar en la sala de espera el señor de cabeza cenicienta lo recibió con la mano extendida y cordialmente le dijo:
-Mucho gusto señor, mi nombre es ÁLVARO VALENCIA, y bienvenido a la casa museo GUILLERMO VALENCIA.
Guillermo le estrechó la mano y con palabras aceleradas le dijo:
-Hombre el gusto es mío, Guillermo Solano Figueroa, vengo de La Guajira, imagínese que mi nombre me lo puso mi papá por el poeta y vengo a cumplir la promesa que le hice hace muchos años, que algún día vendría a conocer a GUILLERMO VALENCIA, pero veo que usted es VALENCIA ¿es algo de él?.
Álvaro le reparó con detenimiento y dijo con voz más pausada.
-Cuánto me alegra Don Guillermo que venga de tan lejos, y que su nombre esté motivado por la obra de mi padre, sí, soy hijo de GUILLERMO VALENCIA, esa son las cosas que más nos llenan, que mi padre siga vivo en el corazón de la gente.
La alegría de GUILLERMO SOLANO le daba más brillo a sus ojos y hacía que agitara sus manos insistentemente, y dijo pletórico de dicha:
-Vea Don Álvaro, qué fortuna la mía llegar a la casa de mi poeta más querido y saber que me recibe un hijo de él, hombre, esto es un regalo del cielo, a mí que quiero ser poeta, porque permítame decirle que escribo poesía.
Álvaro agregó, frotándose las manos:
-Eso sí es una maravilla, tener hoy la visita de un poeta, y de un poeta de una región tan lejana, pero venga, venga por aquí Don Guillermo que le tengo una buena sorpresa.
Tomándolo de un brazo lo condujo a una sala adyacente a la sala de espera, donde estaba sentado en una mecedora, un señor también de cabello blanco, como de unos 70 años, un poco grueso y de gafas, que apenas lo vio suspendió la lectura de un periódico y se quedó mirándolos de reojo.
Álvaro Valencia se le acercó y le dijo:
-Mire profesor, tengo el gusto de presentarle a un poeta de La Guajira.
El hombre se puso de pies y le extendió la mano a Guillermo, diciendo:
-Un servidor amigo, Abraham Carbio, profesor de la Universidad de Salamanca, España.
Guillermo no salía de su asombro y con los ojos abiertos de par en par, dijo con palabras atropelladas, estrechando la mano del profesor:

-Guillermo Solano. Guillermo Solano, pero de verdad que el placer es mío, poder hoy compartir con uno de los docentes de una de las mejores instituciones educativas de España ¿y será profesor de literatura por casualidad?
El profesor se colocó las gafas, y dijo:
-Infortunadamente no, amigo, profesor de derecho constitucional, pero tranquilo que amo bastante la poesía, y he venido hoy a conocer un poco más de este poeta colombiano, y veo que tendré la oportunidad de dialogar con alguien que no sólo ama la poesía, sino que la hace.
Poco a poco los dos visitantes fueron entrando en un diálogo ameno, a medida que recorrían los distintos rincones de la casa museo.
El profesor Carbio con las manos en los bolsillos del pantalón preguntó a Guillermo:
-Poeta ¿y desde cuándo conoce la poesía de su tocayo?
-Desde muy niño, mi padre era buen admirador de Valencia, tanto, que por él me puso el nombre de Guillermo, siempre me leía Los Camellos, Las Cigüeñas Blancas, Las Dos Cabezas…
-Y ¿Qué es lo que más le gusta de la poesía de Valencia?
-Bueno, no tengo ninguna duda de que Valencia es el poeta colombiano que logra darle mayor universalidad a nuestra poesía y que es un verdadero orfebre de las formas y los ambientes poéticos decantados. No desconozco los aportes de Silva, pero Valencia es el que hizo más universal nuestra poesía.
-Pero usted ¿es sólo devoto de Valencia, entre los poetas colombianos?
-No, no, profesor, tengo muchos poetas que admiro. Por ejemplo, creo que LUIS CARLOS LOPEZ (El tuerto) es el poeta más original que hemos tenido y que rompió todos los esquemas, haciendo una poesía llena de coloquialismo, humor, colorido, como un verdadero pintor y explotó la psiquis nacional.
-Pero algunos dicen que no fue más que un humorista de provincia.
-Bueno, quienes así piensan, analizan su obra muy sesgadamente, muy unilateralmente, o con esquemas y prejuicios preconcebidos. Mire López es líder en los procesos de cambio en la poesía latinoamericana y española, fue como la alborada de los llamados movimientos de vanguardia. López con un lenguaje sencillo, es un revolucionario de la lengua como lo fue Darío.
-Entonces ¿comulga mucho con Rubén Darío?
-Ah claro, Rubén Darío es lo máximo en la poesía en español. La poesía en español llevaba muchos siglos de adormecimiento, desde el siglo de oro no se escuchaba una lira tan virtuosa como la de Darío. Él es el más grande y lo revolucionó todo… todo… he oído decir a algunos españoles que Rubén Darío y el modernismo fueron una desviación en la poesía española y que no debió existir, la verdad que esas son necedades, ya que Rubén es único, y lo que él hizo le dio un nuevo aire a nuestra poesía y a nuestra lengua. Las formas, la música y la sensibilidad poética se vieron estremecidas por ese huracán del Caribe. Fíjese que todavía no ha salido en español un poeta mayor que Rubén Darío.
-Pero López le criticó a Darío su lenguaje preciosista.
-Es que recordemos que el canto a los cisnes, y a los palacios, fue sólo un momento en la poética de Darío, y eso es también expresión de su universalidad, claro que López fue un adelantado al atreverse a escribir con un lenguaje coloquial, y rescatar lo nuestro, hacer su música y su poesía de otra manera. Pero yo no encuentro que López haya renegado de Darío, creo que le reconoció su valía, al igual que Lugones, que siempre hablo de él como el gran maestro. Yo tengo claro que todos esos poetas que hoy llaman postmodernistas, fueron una expresión del modernismo de Darío, que tendieron un puente hacia el proceso que encabezaron Vallejo, Huidobro y Neruda.
-Oiga poeta ¿Qué me dice de Julio Flórez, dicen que su música se apaga?
-No, creo que Julio Flórez, sigue ardiendo en el corazón de la gente, que es en última la que decide quiénes son sus poetas memorables y quienes van al basurero de la historia. Los especialistas y la academia cumplen un papel importante, pero en ultima la voz cantante es la voz del pueblo, y debe ser así ya que los especialistas, los gobiernos y la academia a veces por posturas ideológicas, por intereses que sé yo de qué tipo, hacen que un poeta suene, claro tienen el poder, pero es el pueblo que con el pasar del tiempo da su veredicto.
Fíjese que cuánto hace que Julio Flórez vivió, cuánto hace que dejaron de considerarlo un poeta de valía, pero vaya al pueblo, a la gente, encontrará que son muchos los poemas que se saben de Julio Flórez, el tenía un lenguaje contagioso y unas imágenes vigorosas, al que no lo mueva su fuerza es porque está en otro cuento.
-¿Qué otros poetas son de su admiración?
Claro que están los hermanos Machado, Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Vallejo, Pablo Neruda, Herrera y Reissig, Alfonsina Estorni, y tengo un recuerdo muy especial de Andrés Eloy Blanco, tiene un poema que se llama La Vaca Blanca, la primera vez que lo escuché era yo niño lo estaba declamando en una emisora de Caracas, es una poesía de mucho sentimiento, él dice allí que cuando estuvo por allá en el llano y en un bohío tuvo una mujer y tuvo un niño con ella y la mujer lo abandonó y él fue a ver al niño después y anduvo buscando una mujer que hubiera dado a luz para que le diera el seno al niño y no consiguió y cuando vio una vaca blanca con un lucero en la frente, que estaba al frente de un ternerito que había muerto y que la vaca lloraba, y él echó al animal por delante y lo llevó donde estaba el niño y lo puso para que mamara de la vaca, que así hizo tres días pero después la vaca iba sola, hasta tres veces al día pero que un día el niño murió, y el lloró al ver la vaca sin su ternero y quedar él sin su niño. Así perdió todo lo que tenía en el llano.Ahora se dice por algunos en Venezuela que la poesía de Eloy Blanco no es buena, pero bueno esos son los tiempos, pero vaya e indague en el corazón de la gente en Venezuela y verá cuanto quieren a este poeta. Yo viví un tiempo en Maracaibo y me maravillaba escuchando cómo la gente recitaba poemas de Andrés Eloy.

– ¿Oiga amigo que tal la poesía de Solano?
– ¿Cuál Solano?
– Hombre cómo que no sabe de la poesía de Solano, Guillermo Solano
-Jajaja… hombre ese es un comerciante que ha querido ser poeta, pero no ha publicado su primer libro.
-¿Oiga y por qué?
Es que es muy difícil, el tiempo del comercio lo termina absorbiendo a uno y lo otro que necesito como un mes para recoger todo lo que he escrito, está regado en baúles, maletas, libretas, cuadernos, hojas sueltas en fin algún día saco el rato…
Las palabras de Guillermo fueron cortadas por la alarma del reloj de pulsera de su interlocutor, que le arrancó una carcajada e instantáneamente exclamó:
-¡La pastilla! ¡La pastilla profesor!
El profesor también echo a reír y mirando el reloj dijo:
-No, no es la pastilla, es que ya tengo que irme. De verdad que ha sido un inmenso placer conocerle y venga un fuerte abrazo amigo.
Los dos recién conocidos se estrecharon en un fuerte abrazo y Guillermo turbado por la emoción dijo:
-No, profesor, la dicha ha sido mía, y le prometo que pronto publicaré mi primer libro. Ojalá lo pueda ver muy pronto.
El profesor se despidió de Álvaro y se retiró de la casa museo con paso lento. Guillermo quedó solo con Álvaro, quien le preguntó:
– ¿Qué tal la compañía?
Guillermo respondió:
-Hombre excelente pero no parece profesor de derecho, parece más bien un periodista porque pregunta …

A lo que agrego Álvaro:

-Es que no es profesor de derecho, es uno de los más importantes investigadores que tiene la Literatura Colombiana, creo que su obra cumbre se llama Clásicos de la Literatura Colombiana…
Guillermo interrumpió a Álvaro, exclamando:
-¡Es Caparroso! ¡Caparroso! Creo que conozco ese libro, creo que allí fue donde leí un ensayo sobre Silva, que me gustó mucho.
Álvaro concluyó:
-Sí mi amigo es Carlos Arturo Caparroso.
-Y por que dijo que se llamaba Abraham y que era …
-Esas son estrategias de él, le gusta siempre saber qué está pensando la gente en materia de literatura.
-Vea qué señor de interesante.
Cuando decía esto Guillermo, Álvaro abría una carpeta, y sacaba varias hojas de papel diciendo:
-Mire amigo, me ha llamado usted poderosamente la atención y le quiero dejar un detalle, aquí tiene varios poemas de mi padre de su puño y letra, aquí está el que le escribió a Josefina, La Cigüeña… y todos son para usted…
Guillermo desorbitó los ojos y recibió los papeles exclamando:
-¡Qué berraquera!, esto sí no lo esperaba. De verdad que ha sido una tarde inolvidable, lástima que me tengo que ir.
Álvaro lamentó que tuviera que irse y le dijo que si decidía quedarse al día siguiente podrían ir a la finca de la familia que se llamaba Belalcázar, pero Guillermo manifestó que lo esperaban en Pereira algunos familiares y que debía irse.
Después de compartir algunos minutos más Álvaro y Guillermo se despidieron en medio de un fuerte apretón de manos y empezó a desgajarse sobre Popayán un torrencial aguacero, como señal una vez más de los duendes de Guillermo Solano, ahora que reencontraba una de sus raíces, que él era un poeta del agua.

Mario Ramón Mendoza

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de marioramon63 Publicado en LIBROS

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